El Fútbol Club Barcelona ha entrado en la historia del fútbol mundial al conquistar las seis competiciones que ha disputado. 2009 será un año inolvidable para los azulgranas por sus títulos y su estilo de juego. Y es que los mimbres que ha confeccionado Guardiola son imposibles de superar, por lo menos en cuanto a éxitos.
Sin duda ha demostrado ser el mejor equipo del mundo, pero hay que reconocer que ha tenido de cara la suerte del campeón. Desde la guerra del mando recordamos los momentos claves: El penalty que paró Pinto en la Copa del Rey contra el Mallorca, el gol de Iniesta y los favores arbitrales contra el Chelsea en semifinales de la Champions y el gol en el minuto 89 de Pedro en el Mundial de Clubes.
El único consuelo para los demás equipos es que el Barça está perdiendo fuelle. Juega con menos ritmo y le cuesta mucho más trabajo liquidar a sus adversarios. Además, lo ha ganado todo, por lo que no pueden seguir con la misma mentalidad.
Karim Benzema llegó al Real Madrid con la vitola de ser uno de los mejores delanteros del mundo. Sin embargo, hasta la fecha, el francés no ha demostrado nada en el Madrid. Es un fútbolista joven con grandes cualidades para triunfar en el fútbol, pero hay algo que no funciona.
Fuentes cercanas a la plantilla merengue apuntan que es una persona introvertida. No se relaciona apenas con sus compañeros y sus escuderos se resumen en los dos Diarra porque son los únicos que hablan el idioma galo. Sin contar el handicap del idioma, que es muy importante, a Benzema se le ve un hombre con caracter autista.
Un futbolista del Real Madrid no puede salir a una rueda de prensa que será abordada por todos los países del mundo con unos cascos de música puestos. Además, tampoco hay que olvidar que se estrelló con su coche cuando iba a entrar en su domicilio. Los dirigentes del Madrid han tomado medidas y están inmersos, plenamente, en la adaptación del joven frances. No quieren, de ninguna manera que se repita el caso Anelka.
Así estábamos Antonio y yo, sin teléfono, internet, agua, luz y sin TELEVISIÓN.
Nuestra llegada a Barcelona fue caótica (no catódica). Ese piso quería desesperarnos, no había nada. Tras unos minutos de angustia conseguimos una radio que nos calmó hasta que comenzó a fallar.
Durante dos semanas fuimos zombies, sin contacto con la realidad. Rodeados de velas por todas partes, más que un piso de estudiantes aquello parecía una reunión satánica. A pesar del “caos”, conseguirmos reunir fuerzas, apoyarnos mutuamente y pasar el trago de la mejor forma posible: mejorando nuestra destreza en el póker, mus, parchís, ajedrez y juegos varios que pudimos comprar en los fugaces momentos de lucidez en el “chino” de la esquina.
Esos 15 días están guardados en mi memoria para siempre. Aquel personajillo que vino muy tarde (prolongando nuestra agonía sin saberlo) hizo la luz, y le guardé un lugar en mi corazón. Nada más verle salir por la puerta, Antonio y yo corrimos a preparar a nuestra amiga en su mueble ya predestinado. Fue despojada de cables inservibles y le dimos vida conectando el enchufe y la antena. Esa noche pasó el tiempo muy rápido, los dos necesitábamos nuestra dosis y hubo grandes peleas por conseguir el mando a distancia durante un rato.
Finalmente, pude ver un par de capítulos nuevos de series americanas, también hubo alguno repetido pero lo disfruté como si fuera de estreno.
Recién llegados a un nuevo piso en Barcelona nos sorprendimos al ver que los servicios de luz, agua y gas estaban inhabilitados. La situación fue cochambrosa, durante ese día tuvimos agua caliente pero nos vimos obligados a pasar las largas horas del día sin poder disfrutar de la televisión porque de la luz no teníamos ninguna noticia.
Nuestra única distracción eran una radio comprada en “los chinos” que emitía diferentes cadenas que pronto decaían en intensidad de señal y multitud de velas de todos los aromas que dotaban al ambiente un clima tenebroso y somnoliento.
Como podréis imaginar dirigíamos nuestras barbaries, en todo momento, a la compañía de electricidad a la que solicitamos el servicio. Los días se hacían eternos y estuvimos desconectados de la vertiginosa actualidad. Dos semanas de espera, pasado el plazo límite que nos habían advertido, un personajillo acudió a nuestro domicilio con la intención de concedernos el preciado bien, la luz.
La instalación supuso un shock que trastocó nuestra pobre rutina entre interferencias y cera consumida. Nos apresuramos a desvestir a la televisión que se acurrucaba sobre un mueble repleto de mandos y cables. Sintonizamos a nuestra amiga que tanto echamos de menos, y sí; con una sonrisa de satisfacción hicimos zapping hasta altas horas de la madrugada.