815 Oceanic Airlines. Destino: Barcelona
15 Octubre, 2009
Perdidos.
Así estábamos Antonio y yo, sin teléfono, internet, agua, luz y sin TELEVISIÓN.
Nuestra llegada a Barcelona fue caótica (no catódica). Ese piso quería desesperarnos, no había nada. Tras unos minutos de angustia conseguimos una radio que nos calmó hasta que comenzó a fallar.
Durante dos semanas fuimos zombies, sin contacto con la realidad. Rodeados de velas por todas partes, más que un piso de estudiantes aquello parecía una reunión satánica. A pesar del “caos”, conseguirmos reunir fuerzas, apoyarnos mutuamente y pasar el trago de la mejor forma posible: mejorando nuestra destreza en el póker, mus, parchís, ajedrez y juegos varios que pudimos comprar en los fugaces momentos de lucidez en el “chino” de la esquina.
Esos 15 días están guardados en mi memoria para siempre. Aquel personajillo que vino muy tarde (prolongando nuestra agonía sin saberlo) hizo la luz, y le guardé un lugar en mi corazón. Nada más verle salir por la puerta, Antonio y yo corrimos a preparar a nuestra amiga en su mueble ya predestinado. Fue despojada de cables inservibles y le dimos vida conectando el enchufe y la antena. Esa noche pasó el tiempo muy rápido, los dos necesitábamos nuestra dosis y hubo grandes peleas por conseguir el mando a distancia durante un rato.
Finalmente, pude ver un par de capítulos nuevos de series americanas, también hubo alguno repetido pero lo disfruté como si fuera de estreno.
Qué gran invento el mando a distancia…
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