Ene 172010

Ha vuelto. Ya es oficial, ya puede gritarse a los cuatro vientos: el mago que deslumbró al universo futbolístico durante la última década ha resucitado. ‘Hat Trick’ a modo de catálogo de su repertorio, y ya lleva más goles (9) que Samuel Eto’o (8) en lo que va de temporada. El primero, a balón parado, de penalti. Con seguridad, con firmeza, con precisión, con potencia. El segundo, de cabeza. Cuando estaba en la cumbre, cuando se debatía si era o no el más grande de la historia, se le achacaba que nunca marcaba con la testa. Pues desde que está en Milan lleva unos cuantos. Y el tercero, un golazo con todas las de la ley. Arranque en una décima de segundo y disparo con ese cañón que aún guarda en su pierna derecha para que el efecto centrífugo dirija el balón a la escuadra del Bari. Véanlo en el siguiente vídeo:

Leonardo ha conseguido que el Gaúcho recupere la humildad, el esfuerzo, las ganas de luchar y la capacidad de sacrificio. Ronaldinho se ha recuperado a sí mismo. Ha recuperado la sonrisa. La sonrisa del niño travieso que lleva dentro y que recuerdan sus tíos y primos de Porto Alegre cuando se les pregunta por él. La sonrisa que nunca debería haberse borrado tras el verano de 2006, cuando empezó el declive del brasileño tras la decepción del Mundial de Alemania.

Ronaldinho es un tipo especial. Generoso, alegre, humilde, sociable, solidario. Su carácter es el del ‘anticrack’, el de un ‘crack’ del pueblo que se quedó vacío de tanto dar. Nunca un no a una foto, a un autógrafo, a un simple guiño. Y siempre con una enorme sonrisa sincera. Los brasileños juegan al fútbol para hacer feliz a la gente, y en eso Ronnie es el máximo exponente. Su actitud dentro y fuera del campo convirtió al Gaúcho más que en un futbolista, en una forma de entender la vida. “Transmite felicidad y ganas de ganar”, decía Frank Rijkaard cuando era su entrenador en el Barça.

dinho_milan Ha nacido y ha vivido siempre por y para el fútbol. El brasileño aparece acompañado por la pelota en casi todas las fotos de su infancia. “¿Para qué voy a estudiar, si voy a ser futbolista?”, le solía rechistar a su madre. Desde el día en que su padre le regaló un balón en su primer cumpleaños y aprendió sus primeros regates con su perro y los muebles de casa. Su padre ya profetizó que sería el más grande antes de abandonarlo prematuramente. Por eso Ronaldinho se santigua, se besa la mano y mira al cielo con los ojos humedecidos después de cada gol que logra.

Patrocinadores y multinacionales llegaron a controlar su vida. Estaba rodeado de tanta gente que se sintió más solo que nadie. Las salidas nocturnas pasaron de ser una simple distracción de la rutina a un refugio de su vida personal y profesional. Después de alcanzar su cénit en 2006 tuvo un colapso psicológico y sucumbió a la presión que venía atormentándole desde la infancia. La muerte de su padre cuando tenía ocho años. La lesión de su hermano mayor cuando empezaba a despuntar como estrella precoz. Una familia que vivía en la miseria en el sur de Brasil. Una vez en la cima se liberó de toda esa presión y se derrumbó. Su talante festivo y despreocupado le impidió desarrollar una mentalidad fuerte para resistir en la cumbre, y no pudo más que ver con impotencia cómo se derrumbaba todo lo que había construido.

Pero Ronaldinho ha vuelto. Maradona en su momento lo tuvo claro: “es el mejor con diferencia, allí donde todos juegan tensionados él es capaz de hacerlo sonriendo”. La felicidad es la clave de su fútbol. “El fútbol es un juego, es un deporte, es una fiesta para disfrutar y hacer disfrutar. Hay que jugar al fútbol sonriendo”, firmó en su carta de despedida a la afición culé. Y Ronaldinho vuelve a sonreír. El fútbol vuelve a sonreír. Ronaldinho vuelve a disfrutar y todos lo volveremos a hacer con él. Incluso Lula Da Silva, el presidente de Brasil, declaró hace poco que Ronnie puede ser “el arma letal de la ‘Canarinha’ en el Mundial”. Bendito dilema para Dunga, que prácticamente había descartado a Ronaldinho para la cita de Sudáfrica.

ronnie risa mucho Ahora vuelve a acariciar el balón con ternura. Le guiña el ojo, le susurra y lo mima. Parece que después de un paréntesis que se ha hecho eterno, han recuperado su idilio. El Gaúcho ha vuelto a trasladar al terreno de juego la simbiosis perfecta que inventó entre sus dos grandes pasiones: el fútbol y la música. La percusión, el ritmo epiléptico que Ronaldinho traduce en su juego eléctrico y dinámico y que culmina con un baile de samba cada vez que marca un gol. Ronaldinho ha vuelto. Que sonría el fútbol.

Les dejo, también, el resumen completo del partido Milan-Siena con el resto de goles. El 2-0, obra de Borriello, también es un golazo que vale la entrada:

Posted by Joan Tejedor Tagged with: , ,
Oct 242009

Ronaldinho satisfechoRonaldinho respondió a la última llamada de Marcos López en Futbolitis. Y a los minimalistas que amamos el buen fútbol, a los que se nos enturbian los ojos con los pequeños detalles reservados sólo al aprecio de auténticos sibaritas, se nos volvió a poner la piel de gallina por momentos. Verle galopar por la izquierda, encarar a Pepe y dejarlo atrás con una elástica y un cambio de ritmo nos trasladó cuatro años atrás. El que en esa jugada no se acordó del segundo gol de Ronnie la noche que salió ovacionado del Bernabéu vestido de blaugrana, que levante la mano y lo tacharemos de mentiroso.

El Milán saltó al campo acomplejado, sabedor de que se ha convertido en un cementerio de elefantes donde se han unido para morir futbolísticamente titanes como Pirlo, Gatusso, Seedorf, Nesta, Dida o el mismo Ronaldinho. Pero la actitud del brasileño fue distinta: el gaúcho llegó para “disfrutar y hacer disfrutar”, como gusta decir. Para recordar quién fue a una afición que no le perdona una de las humillaciones más sonrojantes que han sufrido los blancos en su estadio. Sólo una herida que sigue abierta explica los insultos, pitos y abucheos con que lo acribillaron cada vez que tocó el balón.

“Ya no soy el que era, pero fui mucho mejor futbolista de lo que nunca llegará a ser ningún jugador del actual Madrid”, parecía reivindicar con destellos de la eterna clase que nunca perderá. Se sintió cómodo, supo crear un ambiente íntimo e intimista. Se permitió el lujo de sonreír al balón, su amor platónico, acomodarlo con suavidad en el hombro, cerca del oído y a tocar de los labios, y susurrarle cuánto lo quiere aún y cuánto lo ha echado de menos. “Ya estoy aquí, pequeña, no llores más”, le debió decir en un suspiro que ni siquiera pudo interrumpir un manotazo de Lass.

Ronaldinho volvió a tratar al balón con mimo y delicadeza

Ronaldinho trató al balón con mimo y delicadeza

El niño que aún lleva dentro sonrió de nuevo. Y cuando sonríe, se gusta. Y cuando se gusta es capaz de marcarse un par de taconazos provocadores, hacerle un ‘cañito’ a Raúl para marcar la jerarquía (que no se le ocurra pensar al ‘7’, todo entrega y todo lucha, que por muchos años que resista en la élite –algo digno de admirar, lo suyo, por otro lado- en algún momento ha sido mejor futbolista de lo que fue el brasileño en su clímax) o sentar a Sergio Ramos con una bicicleta y un túnel para recordarle que si aún tiene las caderas enteras es gracias a la clemencia y a la piedad que Ronnie tuvo en su día. Y por si aún quedaba algún fantasma por resucitar, el eslálom por la banda izquierda que emuló su día de gloria en el coliseo blanco.

Y casi todo lo hizo, como describía con gracia Enric Bañeres en Mundo Deportivo, “como si bailara un chotis: sin moverse de lo que sería una baldosa.”  Porque no, Ronaldinho no es el de antes. Ni lo volverá a ser. “Renovarse o morir”, dice el tópico, y a él le ha tocado renovarse. Porque los dos últimos años no estuvo muerto. En todo caso, de parranda. Por eso ha perdido la forma física y la musculatura de atleta que le convertían en imparable a la carrera. Pero su talento infinito y su imaginación sin límite pueden todavía ofrecernos muchos instantes de lagrimilla y ovación. Él mismo asume que su rol ahora es secundario, al servicio del equipo, y se ha marcado como objetivo que “Pato gane el balón de oro con mis asistencias.”

Adelante, llámenle tullido. Ríanse de él. Digan que no es ni una sombra de lo que fue, y que ya no se va ni de su sombra. Táchenle de borracho, drogadicto, putero y todo lo que les venga en gana. Llénense la boca de sandeces que, ciertas o no, podrán mancillar su imagen como persona, pero nunca podrán borrar lo que hizo en el terreno juego. La revolución futbolística que llevó a cabo está a la altura de lo que logró la Naranja Mecánica de Cruyff con su “organización desorganizada” (otro día lo analizaremos en profundidad). La fiebre social que le acabaría ahogando fue incluso superior a la que en su época sufrió Maradona a nivel internacional.

Ronaldinho es, se le reconozca o no, la quinta corona de la historia del fútbol. Cuando lo vean jugar en la actualidad, no esperen ver al mago que un día conocieron. Es más, no esperen nada, absolutamente nada. De este modo cada mínimo detalle, un simple atisbo o un pequeño destello de su estilo vistoso y espectacular les evocará un recuerdo hermoso. Cerrarán los ojos y lo verán atravesar victorioso el Bernabéu. O silenciando Stamford Bridge con una ‘punterinha’, o cualquier otra genialidad que algún día nos brindó. Verán cómo entonces se les dibuja una sonrisa relajada, se les encoge un poco el corazón, mientras evocan una frase que una vez me dijo un sabio y que seguro les hará sentir mejor: “Nostalgia. Pero seguiremos caminando.”

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