Andrés Iniesta celebró su partido 200 con una soberbia actuación. Lo bordó en cada pase, en cada toque, en cada jugada, en cada desborde. Don Andrés, por fin, volvió a rayar a un nivel prácticamente como el de la pasada temporada. Le ha costado dejar atrás la lesión muscular que le martirizó en verano, pero Iniesta ha regresado para encarar el tramo decisivo de la campaña, cuando más lo necesita el Barça. Y, además, lo adornó con una reedición de la que quizás sea la jugada más recordada que hizo el año pasado. Un palmo de terreno, dos rivales, una media vuelta… y piel de gallina. Puro arte.
Iniesta en el Bernabéu, burlándose de todo el madridismo:
Iniesta en el Camp Nou, deleitando al respetable culé:
Iniesta también tiene canción. Hace unos días colgué la canción oficial de Leo Messi. Hoy os dejo una que encontré dando vueltas por youtube cuyo autor desconozco. Advierto que es pegadiza, y encarna la alegría v la vivacidad que desprende el manchego cuando juega:
Final de año. Tiempo de balance, hora de galardones. La FIFA ha creado este año un nuevo premio para condecorar el mejor gol del año. Se trata del Puskás Award, a modo de homenaje al mítico ‘Cañoncito Pum’. El húngaro Ferenc Puskas marcó un total de 680 goles en su carrera, y formó parte de Los magiares mágicos que convirtieron a Hungría en campeona olímpica (Helsinki, 1952) y subcampeona mundial (Suiza, 1954).
¿Cuál creeis que va a ser el gol del año? Destacan el golazo de Iniesta en Stamford Bridge que llevó al Barça a la final de Roma, el tanto de Essien en el mismo encuentro, la ‘tijera’ de Adebayor contra el Villarreal, el ‘alacrán’ de Landín o el majestuoso eslálom de Grafite que ridiculizó a la defensa del Bayern de Múnich.
Apuesta por tu favorito en los comentarios y vota en la web de la FIFA. Hay tiempo hasta el 14 de diciembre!!
Si puedes mantener la calma cuando todos los que te rodean la estén perdiendo y te culpen a ti;
Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás duden de ti y al mismo tiempo puedes comprender sus dudas;
Si puedes esperar y no desesperar,
o, aun sabiendo que te mienten, no caer en el engaño;
O saber que te odian y no sentir odio,
y aún así no parecer superior ni hablar con excesiva sabiduría;
Si puedes soñar – y no convertirte en esclavo de tus sueños;
Si puedes pensar – y que las ideas no sean tu objetivo;
Si puedes enfrentarte al Triunfo y al Fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma forma.
Si puedes lograr que se conozcan las verdades que has dicho
aunque sean tergiversadas por truhanes para engañar a los necios,
o contemplar cómo se rompen las cosas por las que diste tu vida
e inclinarte a reconstruirlas con herramientas gastadas;
Si puedes acumular todas tus ganancias
y arriesgarlas en un solo envite,
y perder, y empezar de nuevo, desde el principio,
y no mencionar ni una palabra acerca de la derrota;
Si puedes forzar a tu corazón, y a tus nervios, y a tus tendones
para que trabajen por ti después de que te hayan abandonado
y así aguantar cuando nada en ti hay
excepto la Voluntad, que les dice: “¡RESISTID!”
Si puedes hablar con las multitudes y mantener la inocencia
o caminar junto a Reyes sin perder el contacto con la humildad;
Si ni enemigos ni amigos verdaderos pueden herirte,
si todos cuentan contigo pero nadie lo hace en gran medida;
Si eres capaz de llenar ese minuto de gloria
con sesenta segundos que miran al futuro,
tuya es la Tierra y cuanto en ella existe,
Y -lo que es más importante- SERÁS UN HOMBRE, ¡HIJO MÍO!
[Rudyard Kipling, If]
Guardiola, en su etapa como futbolista, solía decir que “La frase tópica de yo no tengo que demostrar nada es una grandísima equivocación. Pensar que has hecho mucho es una manera de estancarte”. Tres de los cuatro mejores jugadores del mundo fueron educados en La Masia blaugrana. Dos de ellos, Xavi e Iniesta, tuvieron siempre a Pep Guardiola como ídolo y referente a seguir. El técnico luchará para que no caigan en el narcisismo y sigan trabajando con humildad y esfuerzo como hasta ahora. Una máxima reza que “lo más difícil no es llegar, sino mantenerse en la cima”.
Xavi e Iniesta también son grandes
Hoy es día de celebración. Para Messi, número uno indiscutible del mundo desde que se proclamó campeón olímpico y completó una temporada de ensueño, como estandarte del Barça del Triplete. Para Xavi, porque Di Stéfano dijo una vez que “no hay mejor jugador que todos los jugadores juntos”. Y Xavi sabe dar esa harmonía al equipo y potenciar la excelente calidad de sus compañeros para convertirla en excelsa. Y para Iniesta, el gran ‘olvidado’ en la edición pasada no puede esconderse más por mucho que ame la discreción: su fútbol embelesador está sólo al alcance de los elegidos. El objetivo a partir de ahora: superarse. Puede parecer difícil, pero no es imposible. Son tres grandes futbolistas y además son tres personas íntegras, con la cabeza en su sitio, la mentalidad correcta y el entorno más deseable.
Iniesta es un rey. Majestuoso, elegante, sobrio. Comedido en la palabra, protocolario. Nunca una expresión fuera de lugar. Es un rey mago, el rey blanco de rostro bonachón y expresión inocente que hace las delicias de niños y adultos con su arte y su imaginación. Correcto en el discurso, guarda siempre las formas. Da igual si llueven elogios o arden las críticas. Responde a las carantoñas con un gesto de cortesía y esconde una sonrisa de timidez. Y cuando le critican o le cosen a patadas arquea las cejas, comprime los labios y encaja el golpe con cara de circunstancias, como si fuera parte del trato.
Pero hay ocasiones en que la diplomacia y la bonhomía natural no permiten pasar por alto la hipocresía y la mala educación. Si no, que se lo pregunten a Don Juan Carlos. La actitud chulesca, las malas artes y artimañas, la manipulación, la descalificación personal y gratuita. La expresión prepotente de un Cristiano que no va tan sobrado como pretende sacó de sus casillas a Iniesta. El portugués se cree dotado con un poder magnánime sobre los demás y adopta una actitud dictatorial que sus devotos adoran y sus críticos odian a morir.
Cristiano se lamenta tras el gol del Barça
El presidente de la tupinada y antihéroe para muchos quiso dar lecciones de juego limpio al rey de la transparencia democrática. Él, que en la final de Roma estuvo más pendiente de pegar sin balón a escondidas del linier que de darle al cuero. Que en el partido del domingo se tiró encima de Piqué para luego reclamar penalti como un niño caprichoso que protesta porque él mismo ha roto su juguete. Para los madridistas, pena máxima clarísima y robo arbitral. Y si no, siempre quedará el cuento del láser. Oh, sí, ‘villarato’, canguelo, bla, bla bla.
Nada, nada. Imperativo del verbo nadar, se entiende, porque fue un vil piscinazo más del señor de la trampa. Y si realmente no fue penalti, que alguien le hubiese explicado antes el cuento del pastor mentiroso y el lobo que se comió a su rebaño. Xavi quizá podría explicarle algo de eso. No basta con ser honrado, también hay que aparentarlo. Andrés lo aparenta y lo es, y eso le da un crédito suficiente para tener algún ramalazo de vez en cuando. Fue gracioso ver la faz cándida de Iniesta encarándose con la expresión de asco aristócrata de Ronaldo. Los golpecitos en el pecho incluso nos despertaron una brizna de sentimiento maternal. Ya hay más de ochenta mil fans en Facebook, qué buenrollistas somos todos. Una vez fue gracioso, pero que no se acostumbre. Él es mucho más que eso. Él, a diferencia de otros, puede permitirse el lujo de hablar sólo con el balón en los pies. No necesita sacar pico, pecho y gomina. Porque jugando al fútbol no hay nadie que pueda toserle.
El campeón doblegó al líder. O el líder sucumbió ante el campeón, como gusten. El partido se decidió por el difuso umbral que distingue a un equipo ganador de un equipo campeón. El Madrid jugó como nunca. El Barça, en cambio, jugó como siempre. Entregarse al máximo con esfuerzo, sacrificio y humildad debe ser la regla, no la excepción.
Puyol, inconmensurable en defensa
Vimos al mejor Madrid de la temporada. Qué digo. En el primer tiempo vimos al mejor Madrid de las últimas ocho temporadas. Kaká se quitó la máscara y e hizo temblar al respetable con su clase mundial. Cristiano detuvo los más de 90.000 corazones de la parroquia en más de una ocasión. Ofreció sensación de peligro, o más bien de alarma, y por momentos parecía que iba a romper su maleficio ante el Barça. Lass y Xabi Alonso acordonaron el centro del campo. Los blaugrana no encontraban huecos, y sin espacios es imposible practicar el ‘pinball’ de la filosofía Barça. El que juegan los pequeños cuando se ponen a tocar, tocar, tocar, tocar, tocar…
Pero allí estuvo Valdés. Como en Roma. Como en París. Como el año pasado ante el Chelsea y ante el (mismo?) Madrid. Allí estuvo Piqué. Anticipándose a todo con elegancia, con sangre fría. Estuvo Puyol, que derrochó coraje y puso corazón donde faltaban piernas, interceptando a la heroica tres disparos que eran medio gol. Allí estuvo Messi, vigilado como nunca y dando la cara como siempre. Iniesta, que se ofreció, creó espacios y puso destellos de fantasía y matices de velocidad. También Xavi, que puso orden y trató el balón con calidez para derretir la avalancha blanca. Poco estuvo Henry, que trabajó e incluso pudo marcar en un centro chut que se envenenó. Incansable trabajo oscuro del francés, que no brilló pero se vació. Le salió bien a Guardiola jugar sin un punta fijo ante el Inter. La mayor versatilidad arriba fue la clave del Barça para abrir la lata italiana, y Pep apostó por premiarlo con la continuidad.
Ibrahimovic, efectivo y determinante
El Barça se asomó tras el descanso. Los blancos acusaron el esfuerzo y el Barça empezó a ponerse cómodo. Por algo jugaba en casa. Volvió el toque, la triangulación, la rapidez en el juego. Y volvió Ibrahimovic. Llegó y besó el santo. Apertura a la banda, ‘banana’ de Alves desde segunda línea y volea letal del ariete. Potente, autoritario, contundente. Providencial y decisivo, por eso se le fichó. La puerta se había derrumbado. La fortaleza estaba abierta, a punto para ser tomada. Quince minutos fulgurantes que auguraban una segunda parte orquestal para el Barça. Pero la partitura se desafinó con la expulsión de Busquets. El concierto se fue al garete y el Barça tuvo que ponerse el mono y el casco, el uniforme de desgaste, de oficio, de veteranía, de inteligencia. El traje de picapedrero que paseó por Europa el año pasado. La actitud de equipo campeón que lo coronó.
Qué gozada. Qué partidazo. Qué festival, qué homenaje, qué homilía de fútbol atractivo en el templo del Camp Nou. Vibrante. Emocionante. Igualado. Dos equipos que jugaron al ataque, sin tapujos, sin complejos, con las espadas al aire y el pecho descubierto en una batalla a cara de perro en que ninguno de los dos fue cobarde. Ambos querían ganar. Ambos pudieron ganar. El Madrid pudo empatar. El Barça la tuvo para sentenciar. Pero el marcador no se movió y la tabla sí: los azulgrana vuelven a estar en la cumbre. Ser campeón de liga no es flor de un día. Es fruto de la constancia y de trabajo, trabajo… y más trabajo.
Por fin llega. El partido más esperado de la primera vuelta ya está aquí: el Real Madrid de Florentino Pérez visita el Camp Nou como líder de la liga. Messi e Ibrahimovic trabajan a contrarreloj para estar al cien por cien. Touré ha dejado atrás la gripe A; y Xavi, Iniesta, Piqué, Pedro, Busquets y los demás exhibieron el martes un fútbol de exposición, de museo, ante todo un Inter de Milán.
Cristiano Ronaldo demostró el miércoles que está recuperado y quiere ser titular. Kaká necesita reencontrarse con su mejor versión tras un inicio de campaña irregular y Benzema quiere confirmar su progresión ascendente en las últimas jornadas. Higuaín llega en estado de gracia, Raúl y Guti en horas bajas, y a Sergio Ramos, Casillas, Lass y compañía aún les escuece la herida del 2-6 del último ‘clásico’.
Frente a frente los dos mejores jugadores del mundo. Messi por el Barça, el equipo con un fútbol más bello, más vivaz, más alegre, más dinámico, más estético. Un estilo que enamora. Cristiano por el Madrid, un grupo de grandes jugadores con pegada letal, fuerza, decisión, desequilibrio y mucho corazón. Un estilo que mata. Un Madrid líder que vence pero no convence frente a un Barça que recupera las buenas vibraciones y que quiere volver a arrebatar la ‘pole position’ al eterno rival. El espectáculo está servido.
ABRIMOS LA PORRA DE ‘LA FINTA DEL LOCO’. HAZ TU APUESTA EN LOS COMENTARIOS. MUCHA SUERTE!!
El frío ya está aquí. El viento helado sacude con fuerza los cabellos y ningunea los ropajes que cubren los cuerpos. El frío polar que ha aparecido por sorpresa se desliza por debajo de la piel con sigilo y se apodera de los músculos sin previo aviso. Se pierde la sensibilidad de los dedos, las articulaciones no responden a las órdenes del cerebro. Los reflejos disminuyen y la capacidad de reacción mengua por momentos. Los ojos se achinan y las mandíbulas se aprietan. Los nervios y los tendones se ponen alerta en una falsa tensión que no hace sino limitar aún más la capacidad de movimiento.
Guardiola, como todo el Barça, víctima del frío
Resulta difícil desenvolverse con soltura. Actuar con la frescura habitual, sonreír con picardía y llevar a cabo nuestros propósitos y quehaceres con la diligencia de siempre. Quizás será que el frío ha venido así, de una vez, sin previo aviso. Hace dos días el sol entraba por los ventanales e inundaba el comedor con un halo dorado. Todo luz, todo risas, todo fiestas. Todo amor. Todo palmaditas en la espalda. Eran días de júbilo, celebración y satisfacción por el trabajo bien hecho. Pero eso ya pasó.
El calor se ha ido y toca ponerse el mono de trabajo. El maquiavelismo parece, por ahora, el modo menos doloroso de afrontarlo. Si se desgasta en la creación, en los preámbulos, preludios o preliminares, no se está a la altura en el clímax, en el momento decisivo de culminar la faena. Quizá sea más rentable ceder protagonismo al lado más tosco, menos espectacular y más efectivo, y dejar los malabares para tiempos más proclives. Con el frío todo se vuelve oscuro, no es momento para exhibiciones ni alardes de grandeza. Sin luz, lo más inteligente es cumplir con los objetivos mínimos, aunque el procedimiento no sea el más deseable.
Los pequeños, la alegría de la casa
Por suerte, siempre quedan los ‘pequeños’. Cualquier destello de los bajitos es capaz de inyectarnos una dosis extra de vitalidad. Nos arrancan con su bondad una sonrisa sincera, celebramos su felicidad y una simple mueca o carcajada suya nos ensancha el corazón. Nos regalan uno de sus dibujos, de trazo travieso y juguetón, y suspiramos. Nos inspiran ternura, instinto de protección, compromiso. Disfrutan y nos hacen disfrutar. Sonríen y nos hacen sonreír.
Cuando se descongelará la sangre que ahora es piedra volveremos a disfrutar con ellos. Con su imaginación sin límite. Con su descaro, con el ímpetu y las ganas que ponen siempre. Los pequeños detalles, el perfeccionismo, los matices con que se adornan y que nos emborronan la vista y nos hacen sentir orgullosos de ellos. Porque el frío siempre huye, es cobarde. Y los pequeños siempre ríen, siempre. A ellos la temperatura les afecta, pero de un modo distinto. Su inocencia les impide acongojarse o cohibirse por algo tan simple como los cambios atmosféricos. La vida, para ellos, es mucho más sencilla: juegan solos, juegan entre ellos, se buscan, se encuentran, se persiguen… se divierten. Y sonríen. Los pequeños siempre sonríen.