Dic 212009

“Si perdéis, seguiréis siendo el mejor equipo del mundo. Si ganáis, seréis eternos”, dijo Pep a sus hombres antes de saltar al campo. Serán eternos. Quizás, algún día, alguien pueda llegar a igualarles. Pero ya nadie los podrá superar. Son los más grandes de la historia por méritos propios. Trabajo, humildad, sacrificio. Voluntad, entrega, lucha, ganas. Satisfacción. Recompensa. Grandeza sin parangón. Enhorabuena campeones, la historia es vuestra.

Pep Guardiola es un elegido. Hace unos días felicité a Messi por su Balón de Oro con el poema Si, de Rudyard Kipling. Las lágrimas de Guardiola me hicieron ver que en realidad es el técnico del Barça el que cumple todos y cada uno de los requisitos “para ser un Hombre, hijo mío.”

Guardiola: cabeza fría, corazón caliente

Guardiola: cabeza fría, corazón caliente

Guardiola es quien mantiene la calma cuando los demás la pierden y le critican a él si el Barça hace un partido gris u obtiene un mal resultado. Confía en si mismo cuando los demás dudan de él, y al mismo tiempo logra comprender las dudas que genera. Sueña, claro que sueña. Como todos. Pero él no se convierte en esclavo de sus sueños. Las multitudes lo aclaman, pero no por ello pierde la inocencia. Caminará en la historia junto a los más grandes, pero siempre llevará la humildad como consigna y como bandera. Guardiola no teme al triunfo ni al fracaso, y se enfrenta a ambos de la misma forma. Sólo él es capaz de llenar ese minuto de gloria con sesenta segundos que miran al futuro, ambicionar los retos que están por venir en vez de conformarse con lo que ya conseguido, por muy grande que sea.

Por eso gana. Por eso su equipo nunca baja los brazos y siempre muestra el mismo deseo, la misma hambre, las mismas ansias de victoria, de títulos y de gloria. Un buen amante de la literatura me confesó que lloró la primera vez que leyó el poema de Kipling y se sintió retratado en él. Por eso mismo lloró Guardiola. Conozca o no la composición del poeta, ha sabido huir de Los hombres huecos que describió Thomas S. Eliot y conseguir la plenitud del hombre que profetizó su contemporáneo Kipling.

Se ha escrito y mucho sobre Guardiola estos días. Pero no hay perfil más real, retrato más fiel de la personalidad del técnico blaugrana que el ideal de plenitud del hombre que diseñó Rudyard Kipling. Se lo dediqué a Messi porque puede llegar a lograrlo. No puedo evitar volver a ponerlo y dedicárselo a Guardiola, pues es el paradigma perfecto de su contenido.

IF (Si) – Rudyard Kipling

Si puedes mantener la calma cuando todos los que te rodean

la estén perdiendo y te culpen a ti;

Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás duden de ti

y al mismo tiempo puedes comprender sus dudas;

Si puedes esperar y no desesperar,
o, aun sabiendo que te mienten, no caer en el engaño;

O saber que te odian y no sentir odio,
y aún así no parecer superior ni hablar con excesiva sabiduría;

Si puedes soñar – y no convertirte en esclavo de tus sueños;

Si puedes pensar – y que las ideas no sean tu objetivo;

Si puedes enfrentarte al Triunfo y al Fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma forma.

Si puedes lograr que se conozcan las verdades que has dicho
aunque sean tergiversadas por truhanes para engañar a los necios,

o contemplar cómo se rompen las cosas por las que diste tu vida
e inclinarte a reconstruirlas con herramientas gastadas;

Si puedes acumular todas tus ganancias
y arriesgarlas en un solo envite,

y perder, y empezar de nuevo, desde el principio,
y no mencionar ni una palabra acerca de la derrota;

Si puedes forzar a tu corazón, y a tus nervios, y a tus tendones
para que trabajen por ti después de que te hayan abandonado
y así aguantar cuando nada en ti hay
excepto la Voluntad, que les dice: “¡RESISTID!”

Si puedes hablar con las multitudes y mantener la inocencia
o caminar junto a Reyes sin perder el contacto con la humildad;

Si ni enemigos ni amigos verdaderos pueden herirte,
si todos cuentan contigo pero nadie lo hace en gran medida;

Si eres capaz de llenar ese minuto de gloria
con sesenta segundos que miran al futuro,
tuya es la Tierra y cuanto en ella existe,

Y -lo que es más importante- SERÁS UN HOMBRE, ¡HIJO MÍO!

Posted by Joan Tejedor Tagged with: , ,
Dic 202009

Cuántas veces nos convertimos en esclavos de nuestro pensamiento y ahogamos a nuestros sentimentos con la razón. Messi nos enseñó que en ocasiones hay que dejarse arrastrar, literalmente, por el corazón. Dejó que el impulso de sus latidos lo empujara y que la fe lo condujera al triunfo. Leo la clavó con el escudo, con el emblema de los colores que simbolizan el sentir de tantos otros corazones.

messi i copaEl instinto, no más. Actuar en vez de pensar. Sentir en vez de razonar. Reaccionar al estímulo con valentía, con decisión, sin cuestionárselo. Porque a menudo sólo podemos lograr lo que desea el corazón si no dejamos que nos limite el pensamiento. Confiar, y no subestimarnos. Messi no se paró a pensar que el balón caía muy lejos para poner la bota. No reparó en que bajaba demasiado deprisa para meter la cabeza. Simplemente abrió los brazos y voló como un ángel. Como un semidiós caído del cielo que solventó cual Deus ex machina la tragedia épica griega con argumento heroico en la que se había convertido la final. Nunca lo había visto celebrar un gol con tanto sentimiento, con tanta rabia, con tanta entrega. Con tanta pasión.

Y Guardiola lloró. Se liberó de la tensión acumulada y estalló en un llanto que derrumbó todas las angustias. Un gol ilegal en contra. Dos penaltis clamorosos a favor omitidos. Un rival duro en exceso que practicó el antifútbol, ni jugó ni dejó jugar. Un árbitro demasiado permisivo con unos y muy estricto con otros. Nada pudo detener al Barça. Nadie ha podido hacerlo en los últimos quince meses y evitar que se corone como el equipo más grande de la historia. Las lágrimas, los sollozos de Guardiola son el reflejo material del vértigo, la plenitud de llevar a la cima mundial y marcar un hito histórico con el club de tu corazón.

guardiola mantejatUna nueva página preciosa para la novela romántica que es el Barça de Pep. Amante de la poesía, los versos que componen los futbolistas en cada jugada escriben cada día otro capítulo de la historia de amor del Barça de Guardiola. Apareció una vez más el talismán Pedro para iniciar el milagro con su gol de oportunismo. Entró contra todo pronóstico Jeffren, que tiró del carro como un veterano, revolucionó el partido y cargó con gran parte de la responsabilidad. Un ejemplo más de que la prolífica cantera del Barça no tiene fin y sigue regalando talentos por doquier.

Los ya consagrados Valdés, Puyol, Piqué, Busquets, Xavi y Messi. Los emergentes Pedro y Bojan. El fuera de serie Iniesta, ayer ausente y muy añorado. Además, la estrella Ibrahimovic, que ha disipado todas las dudas sobre su calidad infinita. Los cracks de ‘clase media’ como Touré, Keita o Alves. Trabajadores esforzados como Henry o Abidal. El artífice de todo, Guardiola. La efeméride de las seis copas es el triunfo de un grupo de hombres que aman este deporte. Que juegan con el corazón. Que nos llenan a todos de amor…

barça mundialet

Posted by Joan Tejedor Tagged with: , , ,
Nov 092009

El frío ya está aquí. El viento helado sacude con fuerza los cabellos y ningunea los ropajes que cubren los cuerpos. El frío polar que ha aparecido por sorpresa se desliza por debajo de la piel con sigilo y se apodera de los músculos sin previo aviso. Se pierde la sensibilidad de los dedos, las articulaciones no responden a las órdenes del cerebro. Los reflejos disminuyen y la capacidad de reacción mengua por momentos. Los ojos se achinan y las mandíbulas se aprietan. Los nervios y los tendones se ponen alerta en una falsa tensión que no hace sino limitar aún más la capacidad de movimiento.

Guardiola, como todo el Barça, víctima del frío

Guardiola, como todo el Barça, víctima del frío

Resulta difícil desenvolverse con soltura. Actuar con la frescura habitual, sonreír con picardía y llevar a cabo nuestros propósitos y quehaceres con la diligencia de siempre. Quizás será que el frío ha venido así, de una vez, sin previo aviso. Hace dos días el sol entraba por los ventanales e inundaba el comedor con un halo dorado. Todo luz, todo risas, todo fiestas. Todo amor. Todo palmaditas en la espalda. Eran días de júbilo, celebración y satisfacción por el trabajo bien hecho. Pero eso ya pasó.

El calor se ha ido y toca ponerse el mono de trabajo. El maquiavelismo parece, por ahora, el modo menos doloroso de afrontarlo. Si se desgasta en la creación, en los preámbulos, preludios o preliminares, no se está a la altura en el clímax, en el momento decisivo de culminar la faena. Quizá sea más rentable ceder protagonismo al lado más tosco, menos espectacular y más efectivo, y dejar los malabares para tiempos más proclives. Con el frío todo se vuelve oscuro, no es momento para exhibiciones ni alardes de grandeza. Sin luz, lo más inteligente es cumplir con los objetivos mínimos, aunque el procedimiento no sea el más deseable.

Los pequeños, la alegría de la casa

Los pequeños, la alegría de la casa

Por suerte, siempre quedan los ‘pequeños’. Cualquier destello de los bajitos es capaz de inyectarnos una dosis extra de vitalidad. Nos arrancan con su bondad una sonrisa sincera, celebramos su felicidad y una simple mueca o carcajada suya nos ensancha el corazón. Nos regalan uno de sus dibujos, de trazo travieso y juguetón, y suspiramos. Nos inspiran ternura, instinto de protección, compromiso. Disfrutan y nos hacen disfrutar. Sonríen y nos hacen sonreír.

Cuando se descongelará la sangre que ahora es piedra volveremos a disfrutar con ellos. Con su imaginación sin límite. Con su descaro, con el ímpetu y las ganas que ponen siempre. Los pequeños detalles, el perfeccionismo, los matices con que se adornan y que nos emborronan la vista y nos hacen sentir orgullosos de ellos. Porque el frío siempre huye, es cobarde. Y los pequeños siempre ríen, siempre. A ellos la temperatura les afecta, pero de un modo distinto. Su inocencia les impide acongojarse o cohibirse por algo tan simple como los cambios atmosféricos. La vida, para ellos, es mucho más sencilla: juegan solos, juegan entre ellos, se buscan, se encuentran, se persiguen… se divierten. Y sonríen. Los pequeños siempre sonríen.

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