
Templanza. Sangre fría. Eslálom majestuoso de Iniesta por la izquierda. El holograma de Laudrup se transformó una vez más en ese ocho paliducho de boquita de piñón. La ‘croqueta’ de Andrés en el control con el que inicia su jugadón emula la elegancia y la sobriedad del danés en sus años de esplendor. Se adorna con unas bicicletas dignas del mejor Zico para entrar en el área. En el momento preciso, cuando los defensas ya no lo esperan, asiste a Pedro. Qué listo es el canario. Cómo lee la jugada. El dríbling hacia fuera de Iniesta que arrastra al defensa y crea el hueco por donde tiene que entrar el menudo extremo. Y en esa milésima de segundo se congela el tiempo y el balón pasa por donde no hay espacio, por ese hueco que no existe, para llegar a los pies de Pedrito. Simplemente sensacional, emocionante, embelesador.
No se puso nervioso. Con el control encaró la portería y esperó. Sin que le temblara el pulso, mantuvo un duelo psicológico con el portero hasta que el cancerbero no aguantó, clavó la rodilla y se inclinó para cubrir el palo largo. Con seguridad, precisión y tranquilidad, Don Pedro la picó por el espacio corto para hacer entrar el balón en la portería y su nombre en la historia del fútbol. Un gol de combinación, de clase, de complicidad, de precisión, de preciosismo. Un tanto que nos recordó al Barça que nos enamoró el año pasado. Un honor que hace justicia al trabajo bien hecho. De un ‘metrosesenta’, un pequeño más de la cantera del Barça cuya astucia le permite ser un rey en tierra de gigantes.
Piel de gallina. Gran premio para un peón discreto que asume su papel secundario con digna resignación. Si se llamara Van der Peter o Pedrão y viniera de las grandes escuelas de extremos del Ajax o del Sporting de Portugal, afición y medios pedirían a gritos su titularidad y se escandalizarían cada vez que no juega o que cuaja un partido discreto. Es un arma de doble filo para él: no tiene la presión mediática que tantas carreras prometedoras tuerce, pero tampoco tiene la dosis de confianza que infunde el reconocimiento a gran escala.
Pedro ha tenido que trabajar en la sombra para lo bueno y para lo malo. Hasta convertirse en el primer futbolista de la historia en marcar en seis competiciones distintas el mismo año. Lo deseábamos hace unas semanas en este mismo blog. Finalmente se ha cumplido. Giuly, que llegó al Barça por unos 15 millones después de jugar la final de Champions como capitán del Mónaco, dijo que si marcaba diez goles en su primer año sería una buena temporada. Don Pedro ya los ha marcado y ni siquiera ha terminado la primera vuelta. Él sí tiene ganas y ambición. También tiene condiciones y calidad. Y mucho camino por recorrer. Enhorabuena Pedro, esto sólo es un principio.