“Para jugar al fútbol no se debe sufrir. Lo que se hace sufriendo no puede salir bien” (’Charly’ Rexach, ex jugador y ex entrenador del FC Barcelona)

Adebayor, uno de los más consternados
Déjenlos volver. Tres muertos (el segundo entrenador, el jefe de prensa y el chófer del autobús de Togo) y dos heridos de gravedad son más que suficiente para suspender la Copa de África. Tengan un poco de humanidad y dejen de pensar por un momento en la chorreada de millones que se van a ir al mar. Cuando se organizan grandes eventos de foco mundial en zonas conflictivas se asume el riesgo de que atrocidades como ésta puedan ocurrir. Quisieron ofrecer una visión buenrollista al mundo, disfrazar la realidad social de algunos países del continente negro, aparentar que la situación civil en Angola permite llevar allí un torneo de primera categoría. No les salió bien, no pudieron ocultar un conflicto que ahora está más presente que nunca a los ojos del mundo.
Demuestren que aún les queda un resquicio de dignidad humana, que su mundo no se mueve sólo por el negocio, y suspendan el torneo. Permitan que estos hombres que tienen familia, hijos, que juegan con el corazón, vuelvan a sus hogares. La mayoría ya sobrevivieron una vez a los conflictos bélicos de guerrillas en sus poblados tercermundistas. Ayer miraron a la muerte a los ojos otra vez. Afloraron antiguos miedos, viejos traumas. No les pongan en la boca del lobo otra vez. El fútbol les permitió escapar de la vida infrahumana de África para convertirse en iconos multimillonarios del primer mundo. Pero todos siguen llevando el continente negro en el corazón. No les obliguen a elegir. Togo se retira, Ghana prácticamente es seguro que también lo hará por solidaridad. Y por miedo, claro. Todos estan asustados. Ni los sueldos más astronómicos del mundo justifican que deban arriesgar su vida por el torneo. Suspéndanlo y déjenlos volver.