El gol más amargo de su vida. Pretendido por el Barça el pasado verano, tasado a precio de ‘crack’ por Lendoiro, ahora el Madrid se interesaba por él. Una de las revelaciones de la liga la pasada temporada, una de las sensaciones en la presente. Máximo goleador de su equipo pese a ser lateral izquierdo, ‘O Inagotable’ sonaba con firmeza para ser uno de los elegidos en la misión de ganar el sexto Mundial para Brasil. 24 años, plena madurez futbolística, una progresión ‘in crescendo’ que auguraba que a partir de junio no le iban a faltar las ‘novias’: grandes no sólo del fútbol español sino también europeo se destaparían como pretendientes a contratar a uno de los mejores carrileros zurdos.
Récord de partidos consecutivos, llevaba 82 encuentros concatenados en las alineaciones del Depor. Rápido, atrevido, llegador, inteligente, un habitual en el área contraria, cómodo en terreno enemigo. Hasta que Gorka, en una acción desafortunada en la que ‘cantó’ por alto, se precipitó sobre su tobillo y lo desarticuló. Jugada desgraciada, nunca hubo un resquicio de mala intención, ni siquiera voluntad de contacto en el guardameta del Athletic, de eso que nadie dude. Fue un encontronazo fortuito que, si pudiera, el portero no dudaría en borrar. Pero lo único que se ha borrado es la participación de Filipe Luis en lo que queda de Liga y en el Mundial.
Fractura de peroné y luxación de tobillo. Lesión muy grave, sin fecha de regreso. Las lágrimas de Lotina, la consternación de Lendoiro, el horror en las caras de sus compañeros, el pánico en el rostro de Manuel Pablo. El defensa canario vio el holograma de su lesión ocho años atrás, cuando en septiembre de 2001 se rompió tibia y peroné tras una entrada de Giovanella en un ‘derbi’ Depor-Celta caliente, de los de antaño. Tardó un año y una semana en reaparecer, y las secuelas de la lesión no le permitieron jugar con regularidad hasta la tercera temporada. Su rotura también le privó de un Mundial cuando se lo ‘rifaban’ los grandes equipos de la liga. Vidas paralelas, la historia se volvía a repetir. Volvió a jugar, pero nunca volvió a ser el mismo.
La lesión de Filipe, por suerte, no es tan grave como la suya. El brasileño ha perdido el billete del Mundial y el tren de los grandes de Europa para el verano que viene. Pero las secuelas de su lesión, si se recupera bien, pueden no ser tan graves. Se le ha roto la trayectoria que lo tenía que llevar a un equipo campeón con escala en Sudáfrica. Pero no por ello se le ha roto la progresión. Necesita ser muy fuerte mentalmente, no hundirse, no rendirse. Luchar para volver. El camino hacia la cumbre se ha hecho más largo y más empinado. Pero no por ello más inalcanzable. Que vuelva. Da igual si pronto o tarde. Pero que vuelva como es.
Ánimo Filipe.