Ha vuelto. Ya es oficial, ya puede gritarse a los cuatro vientos: el mago que deslumbró al universo futbolístico durante la última década ha resucitado. ‘Hat Trick’ a modo de catálogo de su repertorio, y ya lleva más goles (9) que Samuel Eto’o (8) en lo que va de temporada. El primero, a balón parado, de penalti. Con seguridad, con firmeza, con precisión, con potencia. El segundo, de cabeza. Cuando estaba en la cumbre, cuando se debatía si era o no el más grande de la historia, se le achacaba que nunca marcaba con la testa. Pues desde que está en Milan lleva unos cuantos. Y el tercero, un golazo con todas las de la ley. Arranque en una décima de segundo y disparo con ese cañón que aún guarda en su pierna derecha para que el efecto centrífugo dirija el balón a la escuadra del Bari. Véanlo en el siguiente vídeo:
Leonardo ha conseguido que el Gaúcho recupere la humildad, el esfuerzo, las ganas de luchar y la capacidad de sacrificio. Ronaldinho se ha recuperado a sí mismo. Ha recuperado la sonrisa. La sonrisa del niño travieso que lleva dentro y que recuerdan sus tíos y primos de Porto Alegre cuando se les pregunta por él. La sonrisa que nunca debería haberse borrado tras el verano de 2006, cuando empezó el declive del brasileño tras la decepción del Mundial de Alemania.
Ronaldinho es un tipo especial. Generoso, alegre, humilde, sociable, solidario. Su carácter es el del ‘anticrack’, el de un ‘crack’ del pueblo que se quedó vacío de tanto dar. Nunca un no a una foto, a un autógrafo, a un simple guiño. Y siempre con una enorme sonrisa sincera. Los brasileños juegan al fútbol para hacer feliz a la gente, y en eso Ronnie es el máximo exponente. Su actitud dentro y fuera del campo convirtió al Gaúcho más que en un futbolista, en una forma de entender la vida. “Transmite felicidad y ganas de ganar”, decía Frank Rijkaard cuando era su entrenador en el Barça.
Ha nacido y ha vivido siempre por y para el fútbol. El brasileño aparece acompañado por la pelota en casi todas las fotos de su infancia. “¿Para qué voy a estudiar, si voy a ser futbolista?”, le solía rechistar a su madre. Desde el día en que su padre le regaló un balón en su primer cumpleaños y aprendió sus primeros regates con su perro y los muebles de casa. Su padre ya profetizó que sería el más grande antes de abandonarlo prematuramente. Por eso Ronaldinho se santigua, se besa la mano y mira al cielo con los ojos humedecidos después de cada gol que logra.
Patrocinadores y multinacionales llegaron a controlar su vida. Estaba rodeado de tanta gente que se sintió más solo que nadie. Las salidas nocturnas pasaron de ser una simple distracción de la rutina a un refugio de su vida personal y profesional. Después de alcanzar su cénit en 2006 tuvo un colapso psicológico y sucumbió a la presión que venía atormentándole desde la infancia. La muerte de su padre cuando tenía ocho años. La lesión de su hermano mayor cuando empezaba a despuntar como estrella precoz. Una familia que vivía en la miseria en el sur de Brasil. Una vez en la cima se liberó de toda esa presión y se derrumbó. Su talante festivo y despreocupado le impidió desarrollar una mentalidad fuerte para resistir en la cumbre, y no pudo más que ver con impotencia cómo se derrumbaba todo lo que había construido.
Pero Ronaldinho ha vuelto. Maradona en su momento lo tuvo claro: “es el mejor con diferencia, allí donde todos juegan tensionados él es capaz de hacerlo sonriendo”. La felicidad es la clave de su fútbol. “El fútbol es un juego, es un deporte, es una fiesta para disfrutar y hacer disfrutar. Hay que jugar al fútbol sonriendo”, firmó en su carta de despedida a la afición culé. Y Ronaldinho vuelve a sonreír. El fútbol vuelve a sonreír. Ronaldinho vuelve a disfrutar y todos lo volveremos a hacer con él. Incluso Lula Da Silva, el presidente de Brasil, declaró hace poco que Ronnie puede ser “el arma letal de la ‘Canarinha’ en el Mundial”. Bendito dilema para Dunga, que prácticamente había descartado a Ronaldinho para la cita de Sudáfrica.
Ahora vuelve a acariciar el balón con ternura. Le guiña el ojo, le susurra y lo mima. Parece que después de un paréntesis que se ha hecho eterno, han recuperado su idilio. El Gaúcho ha vuelto a trasladar al terreno de juego la simbiosis perfecta que inventó entre sus dos grandes pasiones: el fútbol y la música. La percusión, el ritmo epiléptico que Ronaldinho traduce en su juego eléctrico y dinámico y que culmina con un baile de samba cada vez que marca un gol. Ronaldinho ha vuelto. Que sonría el fútbol.
Les dejo, también, el resumen completo del partido Milan-Siena con el resto de goles. El 2-0, obra de Borriello, también es un golazo que vale la entrada:
[...] Ha vuelto. Ya es oficial, ya puede gritarse a los cuatro vientos: el mago que deslumbró al universo futbolístico durante la última década ha resucitado. The rest is here: 'Hat trick' de Ronaldinho: el fútbol vuelve a sonreír | La finta … [...]
Això de la imatge no és un somriure, és una serra dentada…
He visto el partido ese en directo porque me habia apostado más de 15 euros en ese partido, y bueno un par de detalles. 1. Ronaldinho aparte del tercer gol, en el resto del partido no ha hecho nada de nada 2. Borrielo es muy muy bueno, ha provocado la expulsión del portero y ha marcado un golazo impresionante 3. Hoy odio al Gaucho que me ha hecho perder 15 euros en el minuto 89….si no llega a marcar hubiese ganado 84 euros….argggggggg
Aquest home ha deixat una petjada al món del pensament futbolístic que ha de ser recordada com el màxim exponent del sentit de l’esport com a mitjà de felicitat. Els amants del seu futbol màgic estem d’enhorabona si aconsegueix arribar al mundial en plena forma. Encara tinc molt presents els partits del barça amb Ronaldinho, ara també disfruto però no és el mateix que abans.”Són bells records tot el que em queda…”.
Salut
Tarás contento, eh??
Felicitats pel text, com sempre, escrius coses molt boniques!!!!
Llegint això, qualsevol es fa fan del Ronaldinho!!! Si tracta així la pilota…
;DD