“Desconfío de todos los sistemáticos y me aparto de su camino. La voluntad de sistema es una falta de honestidad.” (F. Nietzsche, filósofo alemán)

No aprenden. Año tras año, ridículo tras ridículo, siguen dando palos de ciego, andan a trompicones. Avanzan a salto de mata escudados en victorias ajustadas, más agónicas que épicas, ante rivales de poca entidad que caen más por el pánico simbólico que les provoca el escudo del Real Madrid que el juego de los blancos.
Resulta complicadísimo alcanzar el éxito si uno mismo no sabe por qué lucha, cuál es su causa ni a dónde se dirige. El Madrid pretende ser un equipo incisivo, pero ninguna de sus líneas se deja la piel en ahogar al rival con la presión. Presume de jugar por las bandas, pero los extremos se ven limitados a la hora de desbordar porque suelen jugar a pierna cambiada. Derrocha millones y más millones de euros en fichar a centrales contrastados que siempre naufragan en una defensa que hace aguas por todos los lados.
Buscan jóvenes promesas que pagan a precio de oro para que exploten y se hagan jugadores de talla mundial en el Madrid, y sólo consiguen acumular un fiasco detrás de otro. Compran botas de oro que se convierten en botas de plomo. Hace casi una década que un jugador de la cantera no se convierte en titular indiscutible, y los que se marchan acaban triunfando fuera del club (y que no se les ocurra volver si no quieren ver cómo se hunde su carrera).
“Un equipo de fútbol no es sólo un álbum de cromos en que pones a los jugadores para que queden bonitos, es mucho más que eso”, decía Valdano en la pretemporada. Pero Florentino, oídos sordos. Los delirios de grandeza del ‘Ser Superior’ le han llevado a repetir la actitud que le perdió en su primer mandato: llenar el vestuario de nombres comerciales a costa de tener una plantilla conformista y descompensada. Llegan tarde las disculpas después del ridículo a manos de un Alcorcón que pareció el Chelsea.

Pellegrini es un títere igual que en su día lo fue Carlos Queiroz. Un monigote al que le imponen el ‘once’ que debe poner en el campo, aunque toda mente con nociones básicas de fútbol sepa que es imposible que encajen como engranaje productivo. Florentino no puede evitar llenarse la boca con el señorío y la caballerosidad del club blanco a pesar de las acusaciones de fraude fiscal y de deudas millonarias que le acechan. Nietzsche sostenía que “la voluntad de sistema es una falta de honestidad.” Será pues que el señorío del Madrid reside sólo en la honestidad que supuestamente otorga no tener sistema alguno, y por ello el mandamás blanco huye de los sistemáticos y los aparta de su camino. Igual que podría apartar a Pellegrini en las próximas semanas si la imagen del Madrid no mejora, paradójicamente, por no tener sistema.
La panda de vejestorios del Milán le dio al Madrid una lección que los blancos parecen no aprender a pesar de sus reiterados fracasos temporada tras temporada: sólo con nombres no se va a ninguna parte. Ronaldinho, Pirlo, Gatusso, Inzaghi, Pato, Huntelaar, Seedorf, Zambrotta, Nesta, Dida, Flamini, hasta hace poco Kaká, Shevchenko, Maldini, Cafú, Costacurta… Sobre el papel, una de las tres plantillas más potentes del mundo. Sobre el campo, una burda caricatura de lo que debe ser un equipo campeón.
La derrota ante el Sevilla, primer rival fuerte este año, fue un primer aviso que se confirmó ante un flojo Milán al que el Madrid permitió resucitar. El empate a nada (ni goles, ni juego en el Molinón) ante el Sporting despertó los peores augurios que se han confirmado hoy en Alcorcón. Una vez superado el ‘efecto Cristiano’, los rivales le vuelven a perder el respeto a un Madrid que, por muchas figuras que reúna, no asusta ni por actitud, ni por juego y ya ni siquiera por potencial o expectativas. Y parece que en la capital no quieren enterarse…
Ronaldinho respondió a 

