Paolo Pedercini, 2009, FreeWare.
Los créditos iniciales de Mad Men, serie sobre la realidad como construcción mediática, o sea, sobre los publicistas, presentan una suerte de homenaje al estilo de síntesis absoluta que Saul Bass inmortalizó en el cine del Hollywood de los cincuenta y sesenta. Cualquier espectador puede preguntarse por el uso de la estética que marcó a films como Vértigo (1958) para una serie que se ocupa del mundo de los anunciantes y de su (disfuncional) vida familiar, pero lo cierto es que Matthew Weiner parece haber encontrado una lectura (singular, insoslayable) a esa elección ya que descubre que Saul Bass es una opción ideal para hablarnos del Hombre Suburbial que tanto y tan bien retrató John Cheever en sus historias. No resulta casual que Weiner cite a Cheever como una de sus biblias y tampoco que este videojuego online llamado Everyday the same dream use a Bass como evidente referente gráfico para construir su look visual.
Con la serie de Weiner y este videojuego diseñado por Paolo Pedercini aprendimos que bajo la estética de un ilustrador sobresaliente como Bass late un correlato de hombres marcados por una vida residencial aparentemente feliz y por unas historias de anquilosamiento de lo real que mucho tienen de desesperantes saltos a ninguna parte. El control parece reducido al mínimo, pero la interactividad es la clave: sólo a través de un esquema mecánico y repetitivo podemos percibir no ya los pequeños detalles de color que anuncian un halo de vida en un mundo gris, lento y oficinista, sino que también se revelan como la única opción posible para ser una forma coherente con su fondo: si el tema es la rutina, lo menos que podíamos esperar era un gampelay sofisticado.
Esta historia ya ha sido contada muchas veces, y tal vez Cheever sea su mejor ejemplo, por lo excepcional que tiene al sacar vida interior de todos y cada uno de sus infelices hombres urbanos, pero lo que sorprende aquí es lo novedoso que resulta en este medio: al no estar sujetos a parámetros narrativos más o menos tradicionales, Everyday the same dream es una escena repetida que nunca es la misma sin que, en esencia, sea el mismo lugar desesperante que habitan sus figuras sintéticas y hechas prácticamente de grises, de blancos y negros apenas contrastados.
