
En su prólogo a la imprescindible Historia del tiempo de Stephen Hawking, Carl Sagan era tajante sobre lo que trataba el libro: “También se trata un libro acerca de Dios….o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas”.
Small Worlds es un tesoro que descubrí recomendado por Dosis Mínima de John Tones y que habla en una clave secreta del infinito y lo hace usando los resortes de un sencillo y fascinante plataformas. Pero se trata de un uso poético, incrementando el poderío metafórico del asunto y también inflamando los significados esenciales del género. Sobre esto último conviene pensar ya que juegos como Passage, Don’t Look Back o el deconstructivo Braid parecen empeñados en darle una vida nueva (y larga) al plataformas pensando sus reglas, prefiriendo unas y obligando al jugador a repensar la tradición. De lo que aquí se trata es del plataformas como género de aventuras, de pura exploración y es precisamente nuestra visión sesgada, imposible, del mundo, del lugar en el que nos encontramos, la mayor excusa para ir adelante y atrás y avanzar pantalla.
El juego de David Shute parece remitir a ese clásico poema de Giacomo Leopardi titulado El Infinito, en el que leíamos: “Siempre amé esta colina / y este cerco que la vista me impide ver / más allá de su horizonte”. Lo glorioso en este videojuego es descubrir que por muy completa que consideremos la vista siempre hay otro lugar todavía mayor. Y un dibujo imposible que nunca veremos.
Bravo por el post, Alvy. No miento ni un poquito al decir que Small Worlds me ha parecido una maravilla. Parece mentira como el píxel reducido a la mínima expresión puede legar a simbolizar tanto, mucho más que algunos títulos que se jactan de un gran despliegue gráfico.
Una breve pero intensa experiencia.