
Pedíais una sección retro y aquí la tenéis. Desde este día, Hurgando en el trastero acudirá periódicamente a El Gran Bug para ofreceros el retrato personal de aquellos juegos que tantas horas nos mantuvieron enganchados delante de la caja tonta en el pasado. O no, ya que aquí también tendrán cabida títulos con los que irremediablemente chocamos en nuestros años más mozos y que nos dejaron una huella perturbadora e imborrable en nuestras mentes de caramelo. Decir, desde ya, que se admiten peticiones para revisar determinados títulos, siempre y cuando se encuentren dentro de unos límites razonables.
Y para dar el disparo de salida a esta nueva sección, qué mejor que hacerlo con un juego bastante peculiar, y de calidad más que cuestionable, que en su día me dejó perplejo. Se trata de Last Battle, obra de Sega inspirada en el universo de Hokuto No Ken, acá El Puño de la estrella del norte, que salió para Sega Mega Drive y llegó a occidente en 1990. Concretamente, un servidor posee la versión de Uk, pero supongo que el juego llegaría a estas tierras con el mismo nombre. Decía que Last Battle está inspirado en el manga de Hokuto no Ken, así que no cuenta con la licencia oficial de Toei. Algo que dota al subproducto de un cierto atractivo, sobre todo cuando observas que los nombres de todos los personajes han sido cambiados por completo. De buenas a primeras, Last Battle es un beat’m up de avance lateral que nos pone a los mandos de Aarzak, una versión bastarda de Kenshiro que tendrá que ir destrozando a todo oponente que se cruce en su camino para, sorpresa, salvar a la chica de turno.

Detrás de este tópico jugable, se esconde un título que hace de la monotonía su bandera, con enemigos que se repiten a cada stage, escenarios uniformes que disimulan su falta de acierto y variedad mediante el cambio cromático y unos jefes que, sin tener ni pizca de carisma, pueden complicarnos mucho las cosas. Porque Last Battle es uno de esos crípticos títulos que se caracterizan por aunar simpleza plástica y una dificultad endemoniada, hecho por el cual pasará a engrosar esa larga lista de obras que nunca terminarás por falta de destreza. Sin embargo, Last Battle cuenta con simpáticos detalles gestados desde la más absoluta despreocupación, y eso es algo que siempre me ha gustado. Para muestra, ver cómo los enemigos salen volando cuando entran en contacto con nuestros puños o prueban un bocado de las botas que lleva Aarzak (aunque en Japón eso se traducía en cabezas estallando y sangre a tutiplén). O, simplemente, el hecho de que el recital de hostias del protagonista sea limitado a más no poder cuando este género rige todo lo contrario (y si no, jueguen un ratito a Streets of Rage para comprobarlo). 
Por otro lado, Last Battle hace gala de algún que otro tinte rolero en forma de mejoras en el ataque, que no en la vida del personaje. Uno de ellos se produce cuando hemos completado algunos niveles y, súbitamente, Aarzak se desmelena y le estalla la camiseta. Un momento glorioso y de tintes homoeróticos después del cual la fuerza y rápidez de Aarzak se verán rápidamente potenciadas. Los golpes pasarán de ser pochos y secos a pochos y rápidos, con un efecto de sonido dispuesto para simular que ahora las hostias son de verdad. Ya os lo digo, enorme. Tanto casi como la música del juego, que es sinónimo de descaro y de ganas de reírse del público en la cara. Y es que, fase tras fase, Last Battle tiene la arrogancia de reproducir la misma sintonía, con matices en ciertos momentos, y sólo añadiendo temas nuevos en los combates contra los jefes.
Así es Last Battle, pobre gráficamente y simple en la ejecución. Pese a esto, es el clásico juego que destila amor retro por ser un producto de segunda, homenajeando a una obra a la que nunca pertenecerá por falta de licencia. Como en los juegos de antaño, su aparente control accesible traiciona al jugador con una rudeza a la hora de sortear los enemigos y obstáculos que lo hacen prácticamente injugable. En definitiva, uno de esos tantos títulos que pasó con más pena que gloria, pero de los que no se olvidan.
Algo novedoso, jejejeje. Esperemos que esta sección continúe adelante.