Ático Primera
Un piso particular
Un piso particular
Oct 23rd
No sé donde me divertiría más ver a Blanca, si en el Curso del 63 sin poder maquillarse, sin ropa a la última y sin joyas de Tous, o en Gran Hermano donde esta semana tendría que convivir con tres habitantes de la tribu Dani de Papúa Nueva Guinea. Creo que podría hacer un tour televisivo, así todos nos divertiríamos más. 
Telecinco ya no sabe qué hacer para que esta edición de GH no se parezca a las anteriores. Primero, una casa doblemente espiada: por la audiencia y por otra casa sólo observada por nosotros. Luego, traslado de habitantes de la casa oficial a la casa espía, y ahora, reunificación (sí, como Alemania en su día).
Pero no sólo eso. La casa de Guadalix lleva años incluyendo concursantes con algún secreto que, por casualidades de la vida (sí, por casualidad, no porque estas personas se expongan en un programa de alcance nacional que es comentado por tertulias de mañana y tarde) han acabado descubriéndose. Ex prostitutas, familiares ocultos, transexuales… En GH vale todo.
Creo que a estas alturas nadie se escandaliza (o no debería) cuando ve a una pareja de homosexuales y en parte es gracias a la labor que ha hecho la televisión al hacer que este colectivo aparezca representado en series o presentando programas. El problema es cuando se les va de las manos y los utilizan como reclamo.
Este año, a parte del transexual de turno -ya van tres años- ha entrado una pareja de lesbianas -Laura y Ángela. Hasta aquí todo normal, pero como es GH tiene que haber un pero, y no es otro que la desaprobación de la familia de Ángela de esta relación. Desaprobada hasta el día que Ángela salió del programa, claro.
Tres ediciones son las que ya lleva GH incluyendo transexuales en la casa. Niki, Amor y este año tenemos a Hans. Cada concursante ha acabado por explotar su lacrimógena historia hasta la saciedad en revistas juveniles, no tan juveniles y tertulias de dudosa calidad.
Y yo, no sé que es más triste, si que GH utilice estas historias para ganar audiencia, o que estas personas se presten a aumentar los ingresos de Telecinco - y los propios, obviamente- a costa de supuestos años de silencio y sufrimiento.
Una casa espía, una pareja de lesbianas no aceptada por la familia de una, una madre y una hija y un transexual. Ese es el panorama que teníamos hasta ahora, pero desde ayer, también los Dani: el jefe, la mujer y el ahijado, tres miembros de una tribu de Papúa Guinea. Van sin ropa, no hablan español y el cerdo es su animal de culto –están de suerte porque en este GH hay más de uno al que venerar.
Desde GH lo han bautizado como “fusión de costumbres”, un eufemismo que en realidad quiere decir “vamos a utilizar a estos indígenas para crear más situaciones comprometidas en la casa”. Así, Ana Rosa y Jorge Javier llenarán sus tertulias con comentarios morbosos sobre los nuevos inquilinos que, como no entienden nada, no se quejarán cuando salgan. TODO por la audiencia.